EL PATIO ESTÁ PATAS arriba, el quiquiriquí estridente del gallo aterroriza al mundo, una niña grita, angustiada: -¡Suéltalo, Sinvergüenza, suéltalo! -Y, luchando contra uñas y dientes, intenta agarrar al gallo, que el perro ha apresado por una de las alas....
Así inicia Pluma de ganso de Nilma Lacerda, historia que narra la vida de Aurora una niña que siempre ha tenido un único deseo en la vida: leer y escribir.
Y aunque tiene dos hermanos que van a la escuela y que ya han aprendido eso que ella tanto desea, no puede pedir a ninguno que le enseñe, porque la casa necesita estar organizada, hay que preparar los almuerzos, las gallinas esperan sus alimentos y hay huevos y pollos que entregar; y además la escuela no es para las mujeres, su lugar esta en la casa al cuidado del esposo y de los hijos, es lo que siempre escucha de su madre.
Y así entre escenas que marcan la vida de quienes lo leemos, Pluma de ganso nos muestra lo que puede significar que alguien escriba y no me refiero al acto de escribir grandes cosas, basta con poder escribir el propio nombre y saber que uno habita ese lugar y que otros lo pueden leer y saber quien es uno.
Esto no es una reseña, ni un recomendado, es solo un poco de "tinta" que quiere darle vida a un sentimiento que nace en lo profundo del alma de un lector, que encontró en Aurora la representación de personas que son silenciadas y que han buscado en las palabras -en ocasiones de otros- la posibilidad de vivir.

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